2. El rostro de la violencia social y estructural: expresiones de la delincuencia y la pobreza
erón, 2006: 111).
En el primer
apartado se identifica el hurto famélico que es la sustracción de productos de primera
necesidad por un individuo sin emplear los medios de violencia física o moral,
para satisfacer sus necesidades personales o familiares del momento. Del otro
lado están los llamados delincuentes de cuello blanco, funcionarios públicos y
políticos que aprovechando su ascenso al poder se dejan llevar por la avaricia,
esta segunda categorización afecta los erarios del Estado y por ende a toda la
población, mientras que los hurtos o robos famélicos solo afectan a uno o pocos
ciudadanos, pero estos son repetitivos y aumentan la inseguridad real y/o subjetiva
de la población más vulnerable. (Se muestran los enlaces de dos imágenes
alusivas a ambos ilícitos diametralmente opuestos.)
La solución brindada a estos problemas de inseguridad se caracterizan por el aumento vertiginoso de
mecanismos de represión y control social, dejando a un lado la creación de
políticas públicas y culturales preventivas del delito, este es el caso de la
vinculación medios-inseguridad, caracterizada por el manejo y la manipulación
que hacen de la violencia, que pasa de ser un tema de impacto social a producto
de alto consumo, mediado por un discurso construido desde la lógica ideológica
y comercial que mueve la comunicación de masas.
La imagen que un ciudadano puede tener de la violencia en su comunidad depende, en primer lugar, de su propia experiencia como víctima, agresor o espectador y con la tecnología e inmediatez de la tecnología se convierte en fuente principal las noticias que difunden los medios en relación con la delincuencia. Pero los medios ofrecen una visión deformada de la realidad delictiva de un lugar. Pueden iniciar la cobertura de una supuesta ola de delitos, con independencia de los índices que aportan los datos oficiales, e igualmente ponerle fin, este fenómeno ficticio distorsionado produce consecuencias funestas y alarma en las autoridades, provocando el aumento de efectivos policiales, reformas legislativas o costes políticos elevados, aumento de la zozobra, temor, inseguridad subjetiva, con base o sin ella, el Gobierno se ve impotente de controlar este efecto sensacionalista, difundido con fines publicitarios o aumento de rating.
Para

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